La trágica Guerra de Malvinas que inició su conflicto bélico y del cual hoy se conmemoran 43 años de una de las páginas más oscuras en la historia del país también fue un escenario propicio para una de las ideas más desopilantes jamás inventadas y fue la de disputar en las islas un Superclásico entre Boca y River en plena batalla.
Para que ese alocado sueño se llevara a cabo tuvo que darse previamente un pálido empate en cero en un derbi disputado en La Bombonera en el marco de un Torneo Nacional que se jugaba a pesar de lo que sucedía en el sur del territorio argentino, renombrado como “Soberanía Argentina en las Islas Malvinas”. Quizás porque no estaban bien informados de la situación real es que esa iniciativa tuvo el apoyo de jugadores, dirigentes y distintos allegados que estaban ligados al fútbol nacional.
“Para mí sería un orgullo y una satisfacción enorme salir a jugar un clásico en las Islas, pisando un suelo que por tantos años soñamos que fuera nuestro”, le expresó Eduardo Saporiti, del “Millonario”, a la revista Goles en su número 1.739. Su colega Carlos Córdoba, del “Xeneize”, coincidió: “Nosotros tenemos la verdad y pienso que ése podría ser nuestro mejor aporte”.
Los dos jugadores posaron juntos para la portada y hasta los Presidentes aportaron su palabra. “Creo que es un deber patriótico de parte de nosotros, los dirigentes, contribuir en la medida de nuestras posibilidades a todo aquello que sirva para alegrar a nuestros valientes soldados”, manifestó Martín Benito Noel, Mandamás del club boquense en ese entonces.
“Una forma de prestar servicios al país y a la comunidad consiste en apoyar totalmente la idea de llevarle a los jóvenes argentinos que están ofreciendo sus vidas en defensa de nuestra soberanía la realización de este siempre impactante partido. Todo cuanto está a mi alcance para este fin, habré de realizarlo”, apuntó Jorge Kiper, representando al cuadro de Núñez.
A los pocos días, las noticias que provenían desde el archipiélago, más precisamente desde Puerto Argentino, no eran para nada alentadoras y ese deseo de disputar un clásico de semejantes magnitudes quedaría trunco.
